Lucía, parte del equipo de Au Pair Conecta, nos cuenta su experiencia como Au Pair

¡Hola! Soy Lucía y soy parte del equipo de Au Pair Conecta. Es posible que algunos ya me conozcáis o me conoceréis pronto si os decidís a comenzar la aventura que es ser Au Pair.

 

Actualmente trabajo en Au Pair Conecta gestionando las solicitudes de los candidatos que se quieren ir de Au Pair al extranjero, para lo cual me ha ayudado un montón haberme ido de Au Pair. Sé exactamente cómo es el programa desde dentro, y también sé que es una experiencia superbonita, pero no siempre fácil. En este testimonio me gustaría contaros un poco sobre mi experiencia, que fue totalmente positiva.

 

 

La primera vez que me fui de Au Pair fue en 2014 a Irlanda, ya que quería darle un empujoncito a mi inglés. El proceso de búsqueda para mí no fue muy largo, ya que hice solamente una entrevista con una familia, que me ofreció ser su Au Pair durante los meses de mayo y agosto. Era una familia ¡con cuatro niños! Tenían un niño de 9 años, gemelos de 7 y una niña de 2 años. La verdad es que fue bastante trabajo, pero todos nos lo pasábamos muy bien.

En un día normal, levantaba a los niños, les hacía el desayuno y los acompañaba al cole (hasta el mes de junio, a partir del cual ya no tenían cole). Mientras los mayores estaban en clase, me quedaba con la pequeña jugando, sobre todo al escondite, pintando o íbamos al parque a los columpios; ¡aunque lo que más le gustaba era “maquillarme” y que le pintase las uñas! Muchas mañanas, la pequeña se quedaba con sus abuelos y así yo podía limpiar un poco y hacer la colada de los niños. Cuando los mayores salían del cole, les tenía que hacer la comida (y muy importante, supervisar que se la comiesen, que a veces costaba) y recoger la cocina tras usarla. Tras la comida, o bien jugábamos en el jardín si hacía bueno o dentro de casa si el tiempo no acompañaba (la lluvia es algo bastante usual en Irlanda).  La familia tenía una cama elástica para los niños en el jardín, así que era superdivertido ver quién saltaba más alto. Cuando tenía que hacer un babysitting, normalmente hacíamos una movie night: todos en pijama viendo una peli con palomitas. Aunque, al final, ¡yo era la única que quedaba en pie!

 

 

Había muchos días en los que estar con los cuatro no era fácil: se levantaban habiendo dormido poco y de mal humor, querían ver más la tele de lo permitido, tenían pataletas, etc. A veces era un poco agotador, pero lo cierto es que los días buenos compensaban totalmente a los menos buenos. Yo, por lo menos, me he quedado con los buenos recuerdos.

Los fines de semana me dedicaba a viajar con mi grupo de amigas Au Pairs: fui a la playa, a Galway, a los acantilados, a Dublín, etc. La verdad es que viajé un montón y pude conocer a fondo Irlanda.

 

La segunda y tercera vez que me fui de Au Pair fue a Eslovenia, con la misma familia. No es un destino muy popular (actualmente nuestra agencia no lo oferta), pero a mí me había entrado en la cabeza que quería ir a pasar el verano allí. Al comienzo hice un par de entrevistas con familias de Italia, porque también me llamaba la atención, pero finalmente conocí a una gran familia en Eslovenia y decidí aventurarme. Era una familia con tres niños: una niña de 12 y dos niños de 9 y 6.

 

 

Cuando llegué, ya no tenían colegio, por lo que me pasé mi estancia con los niños mientras ellos estaban de vacaciones. Los padres le intentaban enseñar a los niños a ser responsables, por lo que cada mañana ellos mismos se hacían el desayuno, recogían y cuidaban el huerto que tenían en el jardín. Lo único que a mí me pedían era tener todo un poco recogido, hacer la comida, cuidar a los niños y practicar inglés con ellos. Cuando todos acabábamos de hacer nuestras tareas, o bien jugábamos dentro de casa a algún juego de mesa o hacíamos todo tipo de manualidades o bien íbamos a dar un paseo en bici, a la piscina, a tomar un helado, a jugar al escondite, etc. A la hora de comer, yo les hacía la comida, aunque siempre me querían ayudar y aprender platos españoles. ¡Les encantó la tortilla! También hacíamos un montón de tartas, galletas y otros postres. Los dos niños mayores hablaban muy bien inglés, pero al pequeño le costaba, por lo que siempre intentaba practicar más con él a través de juegos. Él, a cambio, me intentaba enseñar esloveno, aunque la verdad es que no aprendí mucho.

 

Estoy segura de que no podría haber escogido una mejor familia en mi estancia Au Pair que la familia de Eslovenia. Nos cogimos muchísimo cariño; tanto, que al verano siguiente volví a ser su Au Pair. Todo mi tiempo libre lo pasaba con la familia, no porque me lo requerían, sino porque a mí me apetecía y me lo pasaba superbién con ellos. Me llevaron a ver las ciudades más grandes de Eslovenia (¡hasta una ciudad con mi nombre!) y también a los Alpes Julianos, y me explicaron muchas cosas de la historia de Eslovenia. Para mí son, sin duda, mi segunda familia. De hecho, nos llevamos tan, tan bien que aún hoy en día los voy a visitar ¡y ellos vendrán por primera vez a España a verme este año!

 

Es cierto que en las tres experiencias que he vivido como Au Pair he tenido suerte con las familias que he escogido. Aunque es muy importante hacer entrevistas con familias y estar seguro de la familia que se escoge, la verdad es que hasta que no aterrizas en tu destino, no sabes seguro al 100% si sois compatibles. Pero, por lo menos, a través de una agencia tienes la garantía de que si tienes algún problema o conflicto con la familia de acogida, tendrás a una red de profesionales capacitados y dispuestos a ayudarte y a intermediar por tus intereses. ¡Y creedme, irte con esta seguridad al final te quita un peso tremendo de encima!

 

Espero que os aventuréis a ser Au Pair, ¡es algo que no se olvida en la vida!